A un año del cambio de gobierno, se esperaba un discurso presidencial sincero, que diga cómo va quedando económica y socialmente el Perú y, sobre todo, cuál es la ruta a seguir. El discurso presidencial, básicamente ha sido un largo listado de gastos por más de 104 mil millones de soles (14% del PBI), destinados a los sectores salud, educación, a Reactiva Perú y Arranca Perú. Faltó mayor detalle sobre la reactivación de la economía y la recuperación de los empleos perdidos. El presidente solo ha mencionado la gran cantidad de dinero que se ha gastado y la que se gastará en diversos sectores –sobre todo al sector salud- pero en ningún momento ha dicho de donde saldrán estos recursos para tan inmenso gasto. Tampoco ha indicado el nivel de endeudamiento en el que está dejando al país.

Se esperaba también que reconozca los desaciertos –que son evidentes y todos estamos sufriendo- cometidos en la contención de la pandemia y reactivación de la economía. Somos el país con la peor caída económica de Latinoamérica por causa de la pandemia. Esto tiene sólo un nombre: mal manejo de la crisis sanitaria. Esta es la verdadera razón por la que no ha podido transparentar los gastos y mostrar indicadores de eficiencia en el gasto público. La realidad es que, a un año de la culminación de su gobierno, está dejando un país sin ahorros, con un déficit fiscal alto, con endeudamiento público y lo que considero peor, con una mayor inestabilidad política. Cuesta decirlo, pero está dejando el país servido para que un movimiento anti sistema o populista llegue a ser gobierno. Esto significaría el fracaso rotundo de su gestión y la negación de un futuro, siquiera alentador para las próximas generaciones. Un discurso sincero –como el que todos los peruanos nos merecemos- debió decir cómo está dejando el Perú para el próximo gobernante, así como los planes a corto y mediano plazo necesarios para recuperar ahorros y los casi tres millones de puestos de trabajo perdidos.

Un Presidente de la República debe saber “hacer caja”, nada de esto se ha escuchado para ningún sector productivo.

Volviendo al tema de captación de recursos, prácticamente ha soslayado el tema de la minería. Hizo mención de la cartera de proyectos mineros, mencionó algunos que ya están terminando su construcción, no se refirió a los conflictos sociales que amenazan los proyectos y minas en operación. Por lo menos en lo que tenemos a la mano, hubiese sido muy beneficioso -sobre todo para el corto plazo- un discurso que ponga en valor a proyectos mineros como Tía María, Corani, San Gabriel y Coroccohuayco, que representan una inversión de 3,000 millones de dólares y que pueden generar rápidamente unos 30,000 puestos de trabajo a más. Otros próximos proyectos que podrían seguir, Pampa del Pongo y Río Blanco con otros 5,000 millones de dólares de inversión. Un Presidente de la República debe saber “hacer caja”, nada de esto se ha escuchado para ningún sector productivo. El Perú no solo es minería, también es agricultura, pesca, gas, acuicultura, energía, biodiversidad, turismo (por ahora casi totalmente paralizado por la pandemia). Tenemos muchos recursos para volver a generar riqueza. Nada de esto se ha escuchado.

Cuando se le habla al pueblo, en nada ayudan los discursos que sólo dan apariencias. El presidente pretende dejar la apariencia de que ha tenido un buen gobierno y ha manejado bien la crisis sanitaria, cuando la realidad dice todo lo contrario. Un antiguo pensamiento dice: “Entre más apariencias, más carencias”.

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