Hacia un transporte público que garantice la seguridad de las mujeres latinoamericanas

Por Angie Palacios

1.800 mujeres han reportado incidentes de acoso en los últimos 4 meses en Buenos Aires.

Un dato que conocemos gracias a la implementación del pasado noviembre de la primera línea de reporte y contención para casos de acoso en el espacio y transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Un dato que este 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer, nos lleva a reflexionar en el camino recorrido y en las realidades sociales urbanas que todavía afligen a mujeres de nuestra región.

Han pasado más de 100 años desde que Dinamarca proclamó el Día de la Mujer en la lucha por el sufragio femenino universal, y más de cuatro décadas desde que la ONU institucionalizó el Día Internacional de la Mujer. Pero es en este 8 de marzo que podemos celebrar el logro de haber instalado la discusión sobre los derechos de las mujeres en la mayoría de las agendas económicas y políticas internacionales. Si el 2018 fue el “Año de la Mujer”, el 2019 deberá traer consigo acciones determinantes que la ponga en pie de igualdad con el hombre y mejore sus condiciones en la sociedad.

Estas condiciones a mejorar son innumerables y van desde incrementar la participación política y social de las mujeres hasta mejorar el acceso a la educación, salud y oportunidades de empleo de calidad.

También el transporte tiene un rol conciliador, ya que puede  incidir positivamente en las dimensiones espacio-tiempo para las mujeres. ¿Pero qué pasa cuando ese transporte no es percibido como seguro? ¿Qué pasa con esas 1.800 mujeres y miles más como ellas en la región?

Esta fue la cuestión que llevó a CAF, junto con FIA Foundation, a analizar la percepción de seguridad personal de las mujeres en el transporte público. El estudio denominado “Ella se mueve segura” se realizó en tres ciudades de América Latina: Buenos Aires, Quito y Santiago de Chile y busca conocer cómo las mujeres experimentan el transporte público y cómo incide la percepción de inseguridad en su manera de desplazarse por la ciudad.

En las tres ciudades, más del 70% de las encuestadas respondieron sentirse inseguras en el transporte público versus 52% de los hombres. Para las usuarias, la percepción de inseguridad está presente durante todas las etapas del viaje: la caminata hacia y desde la parada y dentro del bus o vagón, y empeora si hay hacinamiento o mayor presencia de hombres y si viajan solas y/o sin luz del día.

Grafico Ella

El estudio también analizó la incidencia de acoso sexual. El tipo de acoso más citado fue el verbal y/o visual, seguido por el físico. En Buenos Aires, 30% de los usuarios experimentaron al menos un tipo de acoso, con el 70% de estos siendo mujeres. En Santiago, más del 80% de los usuarios reportaron haber visto, escuchado o experimentado dos o más casos de acoso.

Para evitar ser víctimas de este tipo de violencia, las usuarias cambian sus rutas, modos de transporte y horarios de viaje. Debido a su triple rol en la sociedad: reproductivo, productivo y de gestión comunitaria, ya sufren de pobreza de tiempo. El cambiar de rutas u horarios puede significar un uso ineficiente de su tiempo y en menos oportunidades para generar ingresos propios.

Uno de los hallazgos más importantes del estudio es el traspaso intergeneracional de la percepción de inseguridad, particularmente de madres a sus hijas. Esto toma suma importancia para la sostenibilidad del transporte público, especialmente en una realidad en donde éste ya presenta un riesgo de pérdida de sus usuarios a los autos privados o a servicios de e-hailing o taxis. En México, el porcentaje de viaje de las mujeres que involucraron el transporte público disminuyó del 64% al 52% en 10 años. En Bogotá, la reducción del uso del sistema de transporte público por mujeres ha llevado a la Municipalidad a formular un plan para mejorar las condiciones de viaje y la promoción de otros modos sostenibles.

Para revertir esta tendencia, “Ella se mueve segura” proporciona algunas recomendaciones:

  • Entender el concepto de movilidad como más que un movimiento físico. La movilidad sin considerar las construcciones sociales que la conforman, es sólo movimiento o “movilidad abstraída de los contextos de poder”. Los roles de género se explican en gran medida por esta dinámica y la violencia de género es la expresión más común de esta interacción. La planificación del transporte y espacio público no puede estar ajena a estos conceptos.
  • Recolectar y analizar datos de género para la formulación de políticaspúblicas. Las ciudades necesitan evidencia para comprender cuándo y dónde en la ciudad están en juego esas dinámicas de poder que resultan en violencia y así elaborar la política pública apropiada.
  • Promover la participación de las mujeres en la planificación urbana y del transporte, especialmente en ámbitos de definición de política pública y esferas de toma de decisiones relacionadas con el diseño y uso del espacio público.
  • Buscar aliados en movimientos por los derechos de la mujer, los cuales han producido un creciente rechazo a la naturalización de la violencia de género en el espacio privado y público. Mujeres jóvenes y niñas afirman tener más conocimiento de sus derechos debido a estos movimientos. Esta es una oportunidad sin precedentes para que los planificadores urbanos promuevan un sentido de corresponsabilidad en la lucha contra la desigualdad de género y la discriminación en las ciudades.

El acoso sexual y otros tipos de violencia de género no pueden ser resueltos por un solo actor. El cambio ocurre cuando una buena política pública se traduce en una buena implementación y esto solo puede suceder con la colaboración de todos los actores involucrados.

La Secretaria de Movilidad de Buenos Aires, por ejemplo, con apoyo de CAF se espera evaluar el impacto de la iniciativa e identificar mejoras en la atención y contención de incidentes de acoso, el cual será insumo para el Plan de Acción de Género y Movilidad que tiene como objetivo promover y direccionar el rol de la Secretaría en atender las demandas de movilidad de las mujeres y niñas, más allá de la seguridad.

Movernos con seguridad por nuestras ciudades es nuestro derecho humano básico. En la búsqueda de un crecimiento inclusivo, las ciudades deben esforzarse por planificar sobre la base de su fortaleza más importante: la diversidad de sus ciudadanos.

En este Día Internacional de la Mujer, debemos reflexionar sobre los logros alcanzados en relación a los derechos de las mujeres,  y seguir trabajando por una equidad de género que llegue a todos los espacios y a todos los ciudadanos.

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Angie Palacios es ejecutiva de Movilidad Urbana de CAF.