“La cuestión más importante ahora es saber si habrá gas o no para el sur”

César Butrón, presidente del directorio del COES SINAC, estima que el sistema eléctrico, salvo algún imprevisto, no sufrirá sobresaltos este año. Sobre el riesgo de que para el 2023 dejemos de contar con energía eficiente en el sistema, enfatiza que eso ocurrirá sólo si hay un gran crecimiento minero, situación poco probable. Eso sí, remarca la necesidad de ir tomando medidas razonables para el futuro del sistema eléctrico, bajo la certeza de si llega o no el gas natural al sur del Perú.

¿Cuáles son las perspectivas para el sector eléctrico este año?
En términos macro, desde el punto de vista técnico de oferta y demanda, debería ser un año muy tranquilo porque no se esperan grandes variaciones. Seguimos con sobreoferta, la demanda seguirá creciendo a una velocidad no tan buena como quisiéramos, con lo cual la sobreoferta va a seguir. No nos esperan grandes cambios en los costos marginales del sistema. Todo se va a mantener, más o menos, como estaba. La demanda crecerá un poco más, pero todavía quedará un montón de reservas para atender esa demanda con bajos precios. Hemos terminado el informe de prospectiva para este año, analizando la operación del sistema, y no aparece ningún incidente o situación especial muy grave: no hay congestión al sur, no hay problemas en ninguna parte del sistema; de hecho, se prevé un mantenimiento del ducto de gas y los cálculos estiman que no debería haber ningún problema en el suministro porque hay suficiente reserva para, inclusive, una parada total del ducto de gas por unos días. En teoría, va a ser un año sin sobresaltos.

En el 2023, según proyecciones pesimistas, existe la posibilidad de dejar de tener energía eficiente en el sistema. ¿Qué es lo que deberíamos estar haciendo para prepararnos ante esa eventualidad?
Primero que todo, tiene que quedar muy claro que eso ocurrirá en el 2023 sólo si hay un elevado crecimiento minero, que pensamos que no sucederá al paso que vamos. Una demanda minera grande no surge de la noche a la mañana: desde que se apruebe el proyecto hasta que empieza a construir pueden pasar, fácil, entre 4 a 5 años, considerando los temas ambientales y demás contratiempos. A nuestro juicio, es un escenario poco probable. Pero, si se diera, empezaríamos a quemar petróleo en algunas horas del día, en la época de estiaje, y eso iría creciendo conforme avanza el tiempo. Entonces, ¿qué se debería hacer para ese momento? Evidentemente, lo primero es saber ya si el Ejecutivo va a poder llevar el gas de Camisea o no para ese año, o para los años que correspondan según la demanda. Si el gas llega al sur, no hay ningún problema hasta el 2028. Si el gas llegará el 2023 al sur, o el 2026, en caso que la demanda no tenga un rápido crecimiento, no debería haber ningún problema porque con eso basta para seguir atendiendo con lo que llamamos generación eficiente, que es gas, electricidad o renovables.

En caso que ya hubiera la seguridad absoluta de que no va a llegar el gas al sur, y, fíjese, cuando digo gas no estoy hablando exclusivamente del Gasoducto Sur Peruano. Puede llevarse gas natural por gasoducto a través de la sierra, por camiones por la costa o por barco. Si por alguna razón económica, política o lo que fuera, ya se sabe con certeza que no va a llegar el gas al sur, entonces ya deberíamos estar haciendo lo necesario para que se construyan otras fuentes de generación eficiente.

¿Qué se puede hacer? Concretar la línea interconexión de 500 kilovoltios con el Ecuador, que nos ayuda mucho en la época de estiaje. Habría que decidir si se desarrolla otras centrales a gas en el centro que no requieran de un nuevo ducto. Habría que ver si se puede acelerar las centrales hidroeléctricas que en el sur y, también, examinar la manera de incorporar más energías renovables a lo largo de todo el sistema. Entonces, una combinación de esas fuentes sería, probablemente, lo que nos aliviaría la falta de gas en el sur. Probablemente es lo que termine ocurriendo.

La cuestión más importante ahora es saber si habrá gas o no y, si no hay, dedicarse a hacer algo.

Ante la posibilidad de un riesgo de tal magnitud, deberían tomarse medidas ya, bajo la idea de que se deben hacer los planes para las peores circunstancias. ¿Este enfoque para abordar el futuro del sistema eléctrico no sería adecuado?
Lo que pasa es que no hay que olvidar quién paga las cosas. Si se mandan a construir, digamos, 500 megavatios nuevos en centrales, que alguien tiene que pagar, y en eso llega el gas, y las centrales del Nodo se convierten a gas, otra vez tendríamos sobreoferta y estaríamos pagando generación que no se necesitó. ¿Quién paga siempre? La demanda, no hay nadie más que pague. Eso significa incrementar las tarifas de una u otra manera.

Yo diría que lo razonable sería tomar un escenario medio, no el extremo optimista ni el pesimista, y diseñar según eso.