¿A dónde va el sector eléctrico latinoamericano?

Por: Arturo D. Alarcón. especialista de la División de Energía del Banco Interamericano de Desarrollo en Brasil.

La hidroelectricidad es energía renovable, y está basada en una tecnología madura, confiable y de bajo costo de producción. Las centrales hidroeléctricas, además de proveer energía eléctrica, pueden proveer otros servicios, como regulación de caudales, control de inundaciones, embalse de agua dulce para su uso, y respaldo a la generación variable. No obstante, y a pesar de estos beneficios, las centrales hidroeléctricas no están exentas de controversia.

Los potenciales impactos ambientales y sociales, además de los riesgos asociados a la construcción de estos proyectos, proyectan una sombra sobre esta tecnología. Incluso, desde hace algunos años, algunas discusiones y publicaciones sobre “energía renovable” dejan de lado directamente a la hidroelectricidad. Entonces vale la pena preguntarnos: ¿Hacia dónde va el sector hidroeléctrico latinoamericano?

El primer punto que es preciso recordar es que, más allá de toda controversia, el desarrollo de muchos países de Latinoamérica y el Caribe (LAC) está directamente vinculado a las hidroeléctricas. Son varios los sistemas eléctricos que empezaron su desarrollo con la instalación de centrales hidroeléctricas al final del siglo XIX e inicios del siglo XX, construyendo redes alrededor de ellas.

Estos sistemas eléctricos (que llamaremos “micro-grids”) fueron los que dieron pie a la creación de varias de las empresas eléctricas que aún siguen siendo claves en el desarrollo económico de sus países. Otro aspecto histórico importante es que los proyectos hidroeléctricos binacionales (Itaipú, Yacyreta y Salto Grande) son, hasta ahora, las principales inversiones de integración en infraestructura que posee la región.

La instalación de proyectos hidroeléctricos en LAC tuvo su apogeo en las décadas de los 70 y 80, cuando la capacidad instalada creció 5 veces, con la entrada en operación de más de 70 GW (a un promedio de 7 GW por año).  Durante los años 90 y la década del 2000 continuó el desarrollo con la instalación de otros 60 GW de potencia, producto de las hidroeléctricas de la región (a un ritmo de 3 GW/año en promedio).

Los datos del último quinquenio (2010-2015) muestran que el desarrollo hidroeléctrico no se ha detenido, y que aún se instalan entre 2 a 3 GW promedio por año en la región. Mas aún, los datos del 2017 muestran que se instalaron más de 4 GW. Entonces, parecería que la hidroelectricidad tiene un presente saludable. Pero ¿qué podemos decir de su futuro?

Según las estimaciones disponibles, aún existe un vasto potencial hidroeléctrico por ser explorado y aprovechado. Según los datos de Olade, solo el 25% del potencial hidroeléctrico ha sido explotado, y aún quedan más de 500 GW aprovechables, principalmente en Brasil y los países andinos. Estos datos y los costos de proyectos recientes, muestran que desarrollos hidroeléctricos de bajo costo aún son posibles.

Confirmando esto, las diversas proyecciones disponibles (de la IEA, WEC, y del BID) indican que la generación hidroeléctrica continuará siendo esencial para cubrir la demanda de energía eléctrica en LAC, y que, dependiendo del escenario proyectado, se instalarán hidroeléctricas a un ritmo similar al que se experimentó en las últimas décadas (2 GW/año), o incluso a un ritmo superior (hasta 5 GW/Año).

Claramente, un factor que impulsará este desarrollo hidroeléctrico será la necesidad de cumplir con las metas establecidas en la COP 21, con relación a la disminución de la generación fósil, y sus emisiones asociadas. Dada su flexibilidad operativa, y la posibilidad de almacenar energía, la hidroelectricidad permite el desarrollo y complementa la instalación de energías renovables no convencionales (eólica y solar).

Otro factor que podría impulsar el desarrollo hidroeléctrico es la integración regional, ya que permitiría el desarrollo de proyectos para aprovechar el potencial hidroeléctrico en países cuya demanda es pequeña (tales como Bolivia y Guyana), reduciendo los costos totales de suministro y aumentando la seguridad energética.

Por otro lado, siendo que el desarrollo hidroeléctrico en Latinoamérica se inició a inicios del siglo XX, con particular énfasis en las décadas de 1970 y 1980, existen ya más de 70GW de instalaciones hidroeléctricas que han cumplido su vida útil.

De la misma manera, entre 1990 y 2000 se instalaron 28GW, que cumplirán su vida útil en los próximos años. Existe un amplio potencial para la rehabilitación y modernización de estos equipos (incluyendo la aplicación de las últimas tecnologías de control e instrumentación), con necesidades de inversión que están en las decenas de miles de millones de dólares.

En resumen, las proyecciones y datos muestran que en nuestra región no solo se seguirán construyendo hidroeléctricas, sino que hay una creciente necesidad de invertir en rehabilitar y modernizar las que ya existen.