Nuevas metodologías para prevenir accidentes en operaciones mineras

Por: Emilio Guardián, gerente de Seguridad y Salud Ocupacional de Epiroc

“Semaforización de riesgos es la herramienta utilizada para un mejor control de las incidencias en el campo de trabajo,  el mismo que permite tratar las tendencias de riesgo como una tarea predictiva desde el campo del comportamiento humano”

Más del 90% de los accidentes dentro de las operaciones mineras son resultados de los denominados actos sub estándares, que están referidos a los desvíos o incumplimiento de normas de seguridad por parte de los trabajadores. Las razones por las que se realizan estos desvíos suelen agruparse en tres campos: “No sabe” (falta o ineficaz capacitación), “No puede” (las condiciones no son las adecuadas para realizar sus actividades”) y “No quiere” (no tiene la motivación adecuada), esta última asociada directamente al comportamiento del individuo.

De ahí nace la importancia de desarrollar una herramienta que permita identificar en qué campos del comportamiento cada trabajador tiene brechas que cubrir. Esto con el fin de homologar que las actuaciones entre los trabajadores sean más eficientes y eficaces, logrando reducir o eliminar las brechas indicadas.

Ese es el nuevo enfoque que está trabajando Epiroc a través de su herramienta “Evaluación de tendencia al riesgo”, una metodología que permite establecer una “semaforización” para agrupar a los trabajadores: Verde, para aquellos con baja tendencia al riesgo; Amarillo para los que muestran una tendencia media; y Rojo para los que cuentan con una alta tendencia al riesgo.

Esto ha permitido centrar foco en aquellos trabajadores con alta y media tendencia al riesgo y establecer una serie de controles que van desde la selección e ingreso de colaboradores, seguido de talleres para la modificación del comportamiento, así como el desarrollo de grupos de trabajo de acuerdo a la tendencia al riesgo, y la identificación de tareas de supervisión que podrían tolerar o impulsar desvíos en seguridad.

Identificar los peligros y evaluar los riesgos que puedan suscitarse es responsabilidad de todas las empresas, más aún si el ambiente de trabajo es de alto riesgo. He ahí la valorización e importancia de agregar el componente “comportamiento humano” en dicha evaluación y en las diferentes fases de la vida profesional dentro de una compañía que se cita como responsable y acorde a estándares internacionales de seguridad laboral.

Vale además comentar que, si bien la gestión de seguridad tradicional ha ayudado a reducir los índices de incidencias en su momento, el enfoque actual debe centrarse en el cambio de hábitos y comportamientos de nuestros colaboradores. Dicha consigna nos empuja a salir de nuestro ámbito netamente ingenieril e involucrar nuevas profesiones que nos brinden puntos de vista diferentes para lograr el cambio que buscamos.

Solo así, entendiendo nuestra cultura y la forma de pensar de nuestro capital humano que podremos implementar y ajustar a medida los programas de comportamiento para lograr un resultado real y sostenible. Muestra de ello es que hemos pasado de una gestión correctiva a una gestión preventiva con nuevas herramientas y tecnologías que nos han permitido lograr una gestión predictiva que permitirá la reducción de accidentes a cifras más positivas para nuestro sector.

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